El vestido blanco de flores se mece suavemente con la brisa que entra por las ventanas abiertas del lobby. La piña colada está fría en mis manos, el libro abierto en mi regazo, pero las palabras se mezclan frente a mis ojos. El hielo choca contra los bordes del vaso, un sonido cristalino que se pierde entre el murmullo de los otros huéspedes.
Entonces lo siento.
Esa presencia que siempre altera el aire a mi alrededor.
Jesús se sienta frente a mí sin invitación, su traje claro impecable co