Llevo las palomitas hacia la cocina, dejando que el sonido del microondas marcando los últimos segundos llene el silencio de la casa de campo. Cuando regreso a la sala, Gabriel y Raquel están ensimismados viendo una película de comedia. Me siento junto a ellos, sintiendo una calidez que me resulta extraña y, a la vez, profundamente necesaria. Disfruto de la comida mientras vemos las escenas cómicas; las risas de Raquel son contagiosas y, por un momento, me olvido de los problemas legales, de Mi