—¡Mentiras, todo lo que dices son puras mentiras! —masculla Estefanía, alejándolo con un ademán brusco—. Tú no me amas, no lo suficiente, o al menos no de la forma en que yo necesito. ¡Solo eres un hombre egoísta! —lloriquea, con el rostro deshecho.
—Estefanía, por favor, escúchame. No digas cosas de las que luego te arrepentirás.
Edmon está al borde del colapso, con los ojos vidriosos y la voz quebrada. Verlo así, tan vulnerable, me confirma que el daño que causó la pelea de hace un rato ha si