En verdad, ella es una mujer increíblemente terca, pero afortunadamente ya todo está arreglado y bajo control. No quiero decirle todavía ni adónde iremos de vacaciones, porque intuyo que, con su mente analítica, sospechará inmediatamente de mi verdadera intención, que no es solo que descanse, sino que se convierta en mi mujer fuera de este caos. Cuando Mía despertó esta mañana, su petición fue clara y directa: me pidió que la trajera de vuelta a su departamento, su santuario, y así lo hice sin