—¿Cómo sigue Miranda? —pregunto con la garganta seca, aguardando las noticias que Edmon trae tras cerrar la puerta de la habitación donde han atendido a mi hermana.
Edmon sale al pasillo con el rostro desencajado, luciendo una mezcla de agotamiento y frustración profunda.
—El médico dice que, afortunadamente, son solo heridas superficiales y, con el cuidado adecuado, en unos tres días el dolor debería ser mucho más manejable —responde con un tono de aflicción que me parte el alma—. Con una crem