—Sé perfectamente que me amas, Mía, y te lo voy a demostrar aquí y ahora —dice Antonio, con una intensidad maníaca en la mirada.
Sin verlo venir, me toma por sorpresa de la cintura y de la nuca, atrayéndome hacia él para besarme con una fuerza bruta, una imposición que me corta el aliento. Me inmoviliza por completo, bloqueando cualquier intento de escape. Al sentir sus labios sobre los míos, el mundo se detiene y me congelo; es una sensación de déjà vu traumática. No me esperaba que fuera capa