—Si fui hasta allá, es porque tengo mis razones personales, y tú lo sabes muy bien —aclaro, visiblemente molesto por su burla implícita—. Anoche, Mía me escribió exigiendo que fuera a su departamento de inmediato y me pidió, con esa autoridad que la caracteriza, que me mantuviera callado sobre el propósito del encuentro. No te imaginas, ni por asomo, la clase de noche que pasé entre esas cuatro paredes.
—¡Claro! ¿Quién demonios podría caer ante tal belleza? Es normal que pierdas los estribos, h