Estoy demasiado estresada, hasta el punto en que siento que cada fibra de mi cuerpo está a punto de colapsar bajo el peso de mis propios pensamientos. Es mejor que me vaya a dormir, me digo, intentando forzar un descanso que parece estar a kilómetros de distancia.
Por más que lo intenté, dando vueltas en la cama como una fiera enjaulada, fue inútil; no logré conciliar el sueño ni por un segundo. La mente me traiciona, repasando una y otra vez la farsa de este compromiso, la insolencia de Mirand