—¿Acaso no tienes absolutamente nada mejor que hacer con tu vida que sentarte aquí a observarme? —me desespero y me fastidio profundamente, lanzando el mando de la consola al sofá con un golpe seco. El ambiente entre nosotros es tan tenso que parece que podría cortarse con un cuchillo.
—Tú misma lo has dicho hace un momento: soy tu esclavo y, por lo visto, no tengo planes mejores. —Gabriel me sonríe con una tranquilidad insultante, cruzando sus piernas con elegancia mientras me observa.
—¡Dios,