28. Hay algo más...
Alaric
—Quieta.
No lo digo en voz alta como una orden. Es un murmullo grave, cargado de poder. Lo dejo salir despacio, controlado, como una marea que no arrasa, sino que envuelve.
Lyra se estremece bajo mis manos.
Su respiración está desordenada. Su cuerpo tiembla como si estuviera luchando contra algo que no puedo ver. Los dedos se aferran a la tela de mi camisa con una fuerza que no debería tener alguien tan agotado, tan roto.
Dejo que mi poder fluya un poco más.
No para dominarla.
Para silenc