27. Mírame loba
Lyra
Cierro la puerta tras de mí y el silencio me golpea con más fuerza que cualquier grito.
Durante unos segundos me quedo inmóvil, con la espalda apoyada contra la madera, respirando de manera irregular. Mi pecho sube y baja demasiado rápido, como si acabara de huir de algo que no tiene forma. La imagen del rostro de Alaric vuelve una y otra vez a mi mente, insistente, incómoda.
No fue indiferencia lo que vi en sus ojos cuando le hablé de la mujer.
Tampoco burla.
Ni siquiera incredulidad.
Fue