Capítulo 25.
Después de que los músicos tocaron dos canciones más, me levanté de las piernas de Kryos para dirigirme a la mesa donde se encontraba la comida.
No tenía hambre. Al menos no con toda esta atención.
Sentía las miradas seguirme.
No eran abiertas. No eran descaradas. Eran peores: calculadas. Como si cada paso mío fuera una pieza en un tablero que ellos entendían mejor que yo.
Podría ser que si. Yo solo tenía un par de días en el reino y no sabía nada sobre ellos.
Caminé con la espalda recta, la cabeza en alto y la sonrisa educada que había practicado desde niña. La misma que usaba en Dromel cuando los nobles me miraban como si yo fuera una aliada futura… o una amenaza.
El vestido azul se movía con suavidad alrededor de mis piernas. Los tacones no eran tan altos como podrían haber sido, pero aun así me obligaban a cuidar cada paso. No quería tropezar. No quería darles ese gusto.
Llegué a la mesa sin contratiempos, esquivando pequeños grupos de nobles que fingían no estar pendiente