Capítulo 26.
El salón de descanso era una especie de anexo más pequeño, separado del gran salón por un arco amplio y varias columnas de piedra. Allí la música se escuchaba más lejana, más suave. Las conversaciones eran más bajas. Más… íntimas, si es que eso se podía llamar intimidad con toda la atención volcada sobre mí.
Había sofás, mesas pequeñas con copas y botellas.
Y nobles.
Muchas lobas nobles.
Algunas nos miraron entrar con curiosidad abierta.
Otras fingieron no hacerlo, aunque sus orejas y sus ojos