Capítulo 24.

El rey... no, Kryos, era malvado.

Lo supe en el instante en que se abrieron las puertas del lugar al que me llevó.

No era una jodida cena íntima para decir "hey, miren, nos vamos a emparejar”. No. Era un maldito baile. Con música, con un banquete dispuesto a lo largo del salón… y con cerca de doscientos lobos que giraron la cabeza al mismo tiempo para mirarnos entrar.

Me quedé helada.

Ni siquiera me había avisado.

Ya hablaríamos de eso.

Menos mal que el entrenamiento para ser “casi” futur
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