Capítulo 24.

El rey... no, Kryos, era malvado.

Lo supe en el instante en que se abrieron las puertas del lugar al que me llevó.

No era una jodida cena íntima para decir "hey, miren, nos vamos a emparejar”. No. Era un maldito baile. Con música, con un banquete dispuesto a lo largo del salón… y con cerca de doscientos lobos que giraron la cabeza al mismo tiempo para mirarnos entrar.

Me quedé helada.

Ni siquiera me había avisado.

Ya hablaríamos de eso.

Menos mal que el entrenamiento para ser “casi” futura Luna y reina en Dromel entró en acción antes de que hiciera algo estúpido, como dar media vuelta y salir corriendo.

Sonreí.

Una sonrisa educada. Medida. De esas que no muestran los dientes.

El salón era enorme.

Un verdadero salón de baile con el techo tan alto que las sombras parecían perderse allá arriba, entre vigas de piedra y enormes candelabros que colgaban como pequeños soles, derramando luz dorada sobre todo. Entre ellos, antorchas encendidas en las paredes añadían un brillo más cál
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