Tara sonrió levemente, apoyando la frente en la suya.
-Solo prométeme que esta vez, vamos a hacerlo bien.
-Te lo prometo -respondió él.
Y por primera vez desde aquella noche, los dos respiraron en paz.
Al día siguiente una brisa ligera entraba por la ventana del comedor, moviendo suavemente las cortinas. Tara estaba sentada tomando una infusión mientras Harvey revisaba algo en su teléfono.
-He estado pensando -dijo él de pronto, rompiendo el silencio- que podríamos salir a comprar algunas cosas para el bebé. Usualmente no tenemos tiempo y quiero hacerlo juntos.
Tara levantó la mirada, sorprendida y con una pequeña sonrisa.
-¿En serio? Pensé que ibas a querer posponerlo.
-No esta vez -respondió él, acercándose-. Quiero estar en todo, desde el principio.
Ella sonrió, con ternura.
-Me encantaría.
Un par de horas después, caminaban entre los pasillos de un almacén, rodeados de diminutos conjuntos de algodón, mantas suaves y juguetes de colores pastel. Harvey se detenía cada tanto, observa