Tara sonrió levemente, apoyando la frente en la suya.
-Solo prométeme que esta vez, vamos a hacerlo bien.
-Te lo prometo -respondió él.
Y por primera vez desde aquella noche, los dos respiraron en paz.
Al día siguiente una brisa ligera entraba por la ventana del comedor, moviendo suavemente las cortinas. Tara estaba sentada tomando una infusión mientras Harvey revisaba algo en su teléfono.
-He estado pensando -dijo él de pronto, rompiendo el silencio- que podríamos salir a comprar algunas cosas