Las primeras semanas, Harvey salía dos veces por semana. Siempre a la misma hora. Volvía más callado que antes, con una serenidad extraña, casi ensayada. No hablaba de lo que “trabajaban” en terapia, pero tampoco parecía irritado. Era atento. Demasiado correcto.
—¿Te sirve? —preguntó Tara una noche, mientras él dejaba las llaves sobre la mesa.
—Sí —respondió—. Me ayuda a pensar.
Ella asintió, aunque algo en su interior no terminó de acomodarse. No era desconfianza. Era una intuición leve, c