—¿Por qué no puedo dejarlo ir? —me dije en mis adentros—. Me temo que no podré seguir así, pero no tengo el valor suficiente para ponerle fin.Las lágrimas rodaban por mis mejillas; la ira, la tristeza, la impotencia y el desespero se apoderaban de mí mientras permanecía acuclillada tras la puerta del baño.Toc, toc, toc...—¡Abre la puerta! Deja el drama, qué inmadura eres. Sabes que no solucionas nada con llorar. Quiero que salgas ahora, sin una sola lágrima, como si nada hubiera pasado. Vamos, linda...Toc, toc, toc, toc, toc, toc, toc.Él de nuevo. Está bien... limpié mis lágrimas, me acomodé el cabello, abrí la puerta y esbocé una sonrisa lista para la rutina de siempre.—Ya estoy lista para irnos —dije sonriente, tratando de no desmoronarme.—Lo ves, Tara, pórtate bien. Solo no me hagas enojar y todo estará bien. Sonríe siempre, enfócate en ser la chica perfecta, es todo lo que debes hacer. No me gusta saber que lloras o verte hacerlo; no sabes cuánto me rompe el alma ver esa ca
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