Un rato más tarde Harvey volvió al hospital con un ramo de flores y unos chocolates rellenos de crema de avellanas, los favoritos de Tara.
- ¡Harvey!- dijo sonriente.
- ¿Si? - se acercó de inmediato con el corazón golpeando le el pecho.
Harvey se inclinó sobre ella, incapaz de contener la emoción. Le tomó las manos y las apretó contra su pecho entregándole los chocolates y las flores.
-Sí, Tara. Soy yo, esto es para ti, ¿Como te sientes?
Ella sonrió con un dejo de sorpresa, Lo abrazó débilmente, y Harvey cerró los ojos, saboreando el instante como un milagro.
Pero pronto llegó la pregunta inevitable.
-¿Qué fue lo que pasó?
Harvey se tensó y el aire de la habitación se volvió más pesado.
-Tuviste un accidente -respondió al fin, eligiendo las palabras con cuidado- fue mi culpa, no quise lastimarte, de verdad lo siento mucho - suspiro.
Tara lo observó en silencio, intentando encajar las piezas.
-No recuerdo nada de eso... -murmuró.
Harvey tragó saliva y, sin poder contenerlo, añadió: