40.
AURORA
Habíamos salido temprano del palacio, dejando atrás sus enormes muros y sus altas torres.
Una hilera de autos negros nos sigue, guerreros a la disposición del Rey o, más bien, de mí. No tenía que ser tan ciega para ver que ellos siempre me seguían con los ojos.
Como si fuera algo demasiado frágil que cuidar.
"O demasiado valioso", habló la pequeña voz de mi mente.
Miré a Kayne a mi lado; leyendo algunos documentos, se mantenía tranquilo, sereno, pero cuando sus ojos se encontraban c