41.
AURORA
Entramos a una casa humilde, pequeña, con los muebles desgastados y las paredes manchadas. La mujer a mi espalda, que ahora sé que se llama Gala, mira hacia todos lados antes de cerrar la puerta.
—Por favor, disculpe el desorden —dice, recogiendo todos los juguetes, papeles y fotos de la que supongo es de quien hablan.
Tomo uno de ellos de la mesa, sentándome mientras leo un informe donde dice que no se han encontrado rastros de Layla.
—Es… es de mi hija mayor, tiene apenas 18 año