20.
AURORA
No, eso no podía ser cierto.
—¿Por qué?— pregunté una vez más, sin querer creer lo que la mujer frente a mí me decía. No me importaba cómo me miraba, el desprecio que me mostraba; yo solo quería saber por qué Jackson me había prohibido seguir dándole clase a los cachorros.
Eso era todo lo que me quedaba y hasta eso me lo estaban quitando.
—Ve y pregúntale directamente al Alfa o a la Luna. A partir de hoy, yo soy la que estoy a cargo de los pequeños; tú…— detuvo sus palabras, repasándome con asco—, ya no eres importante para nada.
Se dio la vuelta sin mirar atrás, avanzando al frente, donde los cachorros se despedían de mí, agitando sus manitas con una expresión triste en sus rostros.
Me quedé allí parada, viendo cómo se alejaban, mi corazón apretándose en mi pecho hasta que las lágrimas de rabia, dolor y frustración comenzaron a quemar mis ojos.
Los cerré, respirando hondo, dejando que la brisa fría y húmeda despejara mis emociones.
Apreté mis puños con fuerza a los cos