AURORA
Sus ojos recorrieron los míos, bajando por mi nariz y luego a mis labios donde se detuvo más, siguió el camino hacia mi cuello, centímetro a centímetro, parte por parte, dejando grabado en mi piel una pequeña estela ardiente que de alguna forma se sentía bien.
La camisa dejaba al descubierto mi hombro, su marca entrelazada entre blanco y negro a la vista de sus ojos que la recorrieron con una intensidad y amor que no se molestaba en ocultar.
La posesividad con la que apretaba mis cade