120.
KAYNE
Mis pasos hacen eco en este lugar alejado y oscuro del palacio, un lugar al que ella no debió venir, nisiquiera tenía que saber que existía, pero sucedió.
Los cautivos se arrastran al rincón más oscuro de sus celdas, huyendo no solo de mi presencia sino de lo que sienten.
El agua chasquea entre cada paso, anuncia mi llegada al hijo puta que está del otro lado, en la celda más protegida y aún así, él logró hundir sus garras en ella.
—Abre— ordeno impasible, esperando a que mi hombre introd