Mundo ficciónIniciar sesiónDesde que tengo memoria, puedo ver los espíritus de las personas y oírlos hablar. Por eso, siempre me ha rodeado un aura sombría. Mis padres preferían mimar a Sofía Mendoza, mi hermana adoptiva, en lugar de prestarme la menor atención. Cuando ella se comprometió con Sebastián Macías, el heredero más codiciado de la alta sociedad capitalina, se convirtió definitivamente en la consentida de toda la familia. Sin embargo, poco antes de la boda, Sebastián sufrió un accidente y quedó en estado vegetativo. Cuando la familia Macías le exigió que respetara el compromiso, Sofía se negó sin la menor compasión: —¿Pretenden que pase el resto de mi vida aseándolo y cambiándole los pañales a un hombre en estado vegetativo? ¡Ni soñarlo! No voy a sacrificar mi vida por un inútil. ¡Preferiría morir antes que casarme con él! Fue entonces cuando vi el espíritu del heredero. Tenía el rostro ceniciento y miraba a Sofía con un odio feroz. —¿Cómo puede ser tan despiadada? Los médicos dijeron que tengo muchas posibilidades de despertar en menos de seis meses, aunque nadie puede asegurarlo. A quien se ofrezca a cuidarme le daré treinta millones de dólares en cuanto despierte. ¡Así esa miserable se morirá de rabia! Levanté la mano con timidez. —Entonces… ¿podría casarme yo? Casarme con un heredero rico no era lo que me importaba. Lo que de verdad quería eran esos treinta millones de dólares.
Leer más—¿Qué?Todavía estaba sumergida en la felicidad de mis treinta millones y tardé un momento en reaccionar.Sebastián soltó una risa seca.—Como a Sofía no le gustaba la banana y yo quería complacerla, decía delante de todos que era la fruta que más detestaba. Durante los seis meses que me cuidaste, mi cuerpo no podía hablar. Entonces, ¿cómo lo supiste? Dime la verdad. Mientras mi conciencia estuvo separada de mi cuerpo, ¿viste mi espíritu?Así que la pregunta que había hecho antes no solo era una clave para reconocerme; también le había servido para comprobar sus sospechas.—Bueno, en realidad hablabas mientras dormías cuando estabas en estado vegetativo. Como permanecía aquí las veinticuatro horas, te oí por casualidad.Yo estaba tan nerviosa que no sabía dónde mirar.—¿De verdad? ¿Qué dije mientras dormía?—Dijiste que te morías por probarla y que, en cuanto despertaras, comerías todas las bananas que quisieras junto a mí.Nada más terminar, me tapé la boca con ambas manos.Estaba per
Sofía se estremeció.Esta vez yo tampoco quería seguir siendo una cobarde. Había hecho todo aquello y, aunque nadie estuviera dispuesto a reconocerlo, las cámaras de seguridad del hospital podían demostrar la verdad.Solo dudé unos segundos antes de dar un paso al frente y contar la verdad.—¡Fui yo! Yo permanecí a tu lado y te cuidé personalmente durante estos seis meses. Yo te ponía películas, música y ópera, te leía las noticias y colaboraba con los enfermeros en tu aseo diario.Aunque la situación ya no se ajustaba en absoluto al acuerdo que ella misma me había impuesto, la señora Macías soltó un suspiro. En sus ojos vi alivio y también culpa, como si llevara mucho tiempo esperando que alguien dijera por fin la verdad que ella no se había atrevido a decir en público. Sebastián, por su parte, esbozó una sonrisa cargada de diversión, como si mi respuesta lo hubiera complacido.Al encontrarme con su mirada tuve la sensación de que ya había recuperado suficientes fragmentos de los recu
Mientras la tensión se prolongaba, la señora Macías también se acercó para hablarme en voz baja, visiblemente incómoda.—Nunca he visto a mi hijo comer banana. Renata, entiendo que te cueste aceptar lo que está ocurriendo, pero dadas las circunstancias…Cada palabra hacía que mi corazón se hundiera un poco más. ¿Acaso toda la información que me había dado el espíritu era falsa y yo había confiado en ella como una ingenua?—Sé que eres una buena mujer, Renata, pero la prometida de mi hijo sigue siendo Sofía. Hay cosas que no nos corresponde decidir. Mantengamos el acuerdo que hicimos, ¿sí? Si esto se convierte en un escándalo, tú también acabarás quedando en ridículo.Quizá la señora Macías solo quería evitar que yo hiciera el ridículo. En ese mismo momento me transfirió setenta y cinco mil dólares y prometió ponerse en contacto conmigo después de mi partida para darme una cantidad adicional.Ya era una suma considerable. Me bastaba para marcharme, retomar mis estudios, cursar la carrer
Contuve el aliento y sentí renacer la esperanza. ¿Acaso Sebastián conservaba algún recuerdo aislado y quería ponerme a prueba con algo que solo los dos supiéramos?Repasé los momentos que habíamos compartido y estuve a punto de soltar la respuesta.—Es…Pero Sofía me empujó con prepotencia.—Nunca conviviste con Sebastián y no sabes nada de él. ¿Cómo podrías conocer sus gustos? Apártate. Yo responderé.Se plantó frente a mí y empezó a hablar con gran dramatismo.—Fuimos novios durante tres años. Nadie te conoce mejor que yo, así que sé exactamente qué quieres comer. ¡Lo que más deseas ahora es el caldo que yo misma te preparo!Cuanto más hablaba, más segura parecía.—El año pasado, cuando te enfermaste, te preparé caldo una vez. Te conmoviste tanto que dijiste que era lo más delicioso que habías probado. También me pediste que te lo preparara cada vez que volvieras a enfermarte. Durante todos estos meses no podías responder ni decirme lo que querías, pero hice caldo muchas veces y lo d
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