Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche de nuestra boda, mi esposo, Adrián Ledesma, murió de forma repentina en nuestra cama. Yo, Sofía Salazar, heredé de él una fortuna multimillonaria. Todos me aconsejaron que, siendo tan joven, volviera a casarme cuanto antes. Mi mejor amiga incluso me presentó discretamente a un hombre de cuerpo atlético, con hombros anchos y cintura estrecha. No era tan apuesto ni tan rico como Adrián, pero también era joven y parecía atento. El día que me pidió matrimonio, de pronto vi una serie de comentarios flotando ante mis ojos. [¡No aceptes! ¡Tu amiga te lo presentó a propósito porque sabe que el espíritu de tu difunto esposo está a tu lado!] [En cuanto aceptes el anillo, quedará demostrado que eres una mujer interesada, promiscua e infiel.] [Tu difunto esposo convertirá su amor en odio, se volverá despiadado y, apenas resucite, lo primero que hará será estrangularte.] [En cambio, tu querida amiga sanará el corazón que tú destrozaste, se quedará con todo su amor y su fortuna, y ambos vivirán cuarenta años de felicidad matrimonial. Todo el mundo admirará su historia.] Miré al único hombre que tenía delante, arrodillado con un anillo de diamantes en la mano. Guardé silencio unos segundos, decidí creerles a aquellos comentarios y le di una bofetada.
Leer más—Te creo.Aquellas dos palabras bastaron para que mis nervios, tensos hasta el límite, se relajaran al fin. Me apoyé en la pared, sin fuerzas y empapada en sudor.Camila y Mateo comprendieron que ya no tenían salida. Aun así, intentaron justificarse, pero Adrián no se lo permitió.—Abandónenlos en las montañas.Mateo palideció, se lanzó hacia Adrián y cayó de rodillas ante él.—Fue Camila quien me obligó. Ella me pidió que acusara a Sofía. ¡Yo no tuve nada que ver!Camila chilló y trató de arañarlo.—¡Cállate! ¡Yo no hice nada!Ante la posibilidad de morir, Mateo prefirió traicionar a Camila. Confesó cada detalle de lo que habían hecho.—Perdóname. ¡Déjame vivir!Al ver que Adrián no cedía, se acercó a mí de rodillas y empezó a golpearse la frente contra el suelo.—Estuve a tu lado durante estos tres meses. Por favor, pídele a Adrián que me perdone. Sé que me equivoqué. Te juro que nunca volveré a hacerlo.La sangre le corría por la frente, pero no sentí nada. Si su plan hubiera tenido
Sabía que, durante esos tres meses, su espíritu me había visto en varias ocasiones con Mateo y que aquello lo había hecho sufrir. Cuando la confianza se rompe, reconstruirla es muy difícil.Pero no me quedaba más remedio que apostar.Por fortuna, gané.Antes de que se fuera, también le conté que había conocido a Mateo después de su muerte y le pedí que investigara su pasado. Luego Adrián le ordenó a su asistente que me llevara a la residencia y fue personalmente a la pastelería. Allí había cámaras de seguridad y los archivos todavía podían recuperarse.Media hora después, Camila apareció en la residencia con una maleta y la puso en mis manos.—Logré alejar al mayordomo y a los guardaespaldas. Sé que te arrepentiste de la boda porque viste que Adrián había resucitado y temes que te haga daño. Pero siempre has amado a Mateo. Aquí tienes mis ahorros y algo de ropa. Vete cuanto antes.Me aparté de ella.—¿Quieres que me fugue con Mateo?—¡No seas tonta! —exclamó Camila, desesperada—. Adriá
—¡Cállate! —grité, temblando.Mateo sonrió y, sin comprender el peligro que corría, siguió hablando:—Adrián, admito que Sofi y yo llevamos poco tiempo juntos y que nuestra relación no puede compararse con todos los años que ustedes compartieron desde niños. Si todavía hay algo que no sé de ella, espero que puedas ponerme al tanto.—Adrián, no sé por qué el examen dice que estoy embarazada, pero tienes que creerme. Yo de verdad nunca…Me acerqué con desesperación para explicarme, pero él retrocedió un paso. El gesto me atravesó el corazón.—Ese día te llamé seis veces y no respondiste —dijo Adrián—. Después aseguraste que te habías quedado dormida.Mateo soltó una carcajada.—Ah, sí, escuchamos las llamadas. Ninguno de los dos quiso contestar.—¿Por qué estás tan seguro de que yo te elegiría, Mateo? —pregunté con una sonrisa burlona—. ¿En qué eres mejor que Adrián? No eres tan apuesto ni tienes tanto dinero como él. Ni siquiera puedes comprar una casa sin intentar engañarme para que pa
—¿Qué dijiste?Adrián me soltó de golpe. Caí al suelo, me sujeté la garganta adolorida y empecé a toser sin parar. Antes de que pudiera responder, Mateo se acercó para reprenderme.—Deja de decir tonterías. Hoy es nuestra boda y todos nuestros familiares están aquí.—¿A qué le tienes miedo, Mateo?Señalé a Camila.—Ustedes dos saben muy bien lo que hicieron. ¿De verdad creen que pueden ocultarlo para siempre?Camila me miró como si mis palabras la hubieran herido.—Sofi, ¿de qué hablas? Todo lo que Mateo y yo hicimos fue por tu bien.Me puse de pie y pronuncié cada palabra con claridad:—Dije que ese informe de la ecografía pertenece a Camila. Mi madre me mantuvo encerrada en el ático durante estos dos días. Intenté forzar la cerradura con un alambre para escapar, pero solo conseguí herirme las manos. Mi sangre sigue allí. Ni siquiera fui al hospital.Extendí las palmas cubiertas de cortes. Camila levantó la cabeza de golpe y me lanzó una mirada sombría, pero enseguida sus ojos se llen
Último capítulo