Todos se quedaron paralizados. El descontento apareció de inmediato en los rostros de Sofía y de mis padres. Después de intercambiar una mirada, ella se apresuró a colocarse delante de mí.
—No le prestes atención. Es solo una cuidadora que contraté para que me ayudara. Ahora mismo haré que se vaya.
Me clavó los dedos en el brazo y trató de echarme por la fuerza. Para entonces, Sebastián parecía más lúcido y su voz había recuperado algo de firmeza.
—Apártate.
Aquella orden grave e implacable no s