—¿De verdad fuiste tú quien me cuidó todo este tiempo?Su mirada reflejaba una desconfianza evidente. Sofía, tomada por sorpresa, se quedó inmóvil. Al advertir el destello de culpa en sus ojos, Sebastián tosió con dificultad y repitió la pregunta en un tono aún más frío.—Respóndeme. ¿Fuiste tú?La escena me detuvo en seco. Contuve la respiración, nerviosa. Si Sebastián dudaba, significaba que todavía conservaba algún fragmento de los recuerdos de su espíritu. Aunque fuera muy poco, yo aún tenía una oportunidad. En el peor de los casos, todavía podía conseguir mis treinta millones.Al notar la tensión, mis padres intercambiaron una mirada y se apresuraron a intervenir.—Claro que sí. Ella es su prometida, Sofía Mendoza, la mujer que usted ama. ¿No la recuerda? Acaba de despertar, así que es normal que tenga la memoria un poco confusa. Pero no hay ninguna duda: Sofía lo cuidó durante estos seis meses.Se apresuraron a rodear la cama y bloquearon a propósito la vista de Sebastián para im
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