Fabrizo suspiró: —Sé que es injusto para ti, pero ya no siento nada por ti, y continuar nos hará sufrir a los dos.
La mujer guardó silencio y luego preguntó: —¿De verdad amas a esa mujer?
Fabrizo asintió sin dudar: —Sí, la amo, dejaría todo por ella.
La mujer se secó las lágrimas de los ojos: —Bueno, ya que decidiste, no te voy a obligar, pero tienes que darnos una explicación a mí y a hija.
Fabrizo asintió: —Organizaré sus vidas para que estén bien alimentadas y vestidas.
La mujer miró a Fabriz