La mujer era como una leona enfurecida, y se abalanzó sobre Fabrizo con las garras abiertas.
Fabrizo inconscientemente esquivó, y la mujer casi cayó al suelo.
Tiana se quedó atónita ante esto, nunca se imaginó que las cosas llegarían tan lejos.
Se sentía culpable, miserable y confusa. No sabía cómo manejar la situación y adónde debía ir.
—¡Dejen de pelear! —Tiana por fin encontró su voz y gritó con fuerza.
Sin embargo, los dos enfadados no pudieron oírla.
La mujer se abalanzó de nuevo sobre Fabr