Viendo que Natalie fruncía el ceño, alargó la mano, le tocó la frente, y dijo sonriendo: —No frunzas el ceño, o bebé aprenderá de ti.
—Luego acuérdate de despertarme o no podré dormir por la noche.
Leonardo asintió, —Vale, cenamos, ve a lavarte primero.
—De acuerdo.
Natalie se levantó y cuando iba a volver al dormitorio, fue levantada de repente por Leonardo.
Ella se sobresaltó, no pudo evitar alargar la mano y darle un golpe en el hombro, —¡Qué haces! ¿Puedes avisarme con antelación la próxima