En el despacho del presidente del Grupo Santos, tras colgar, Leonardo tiró el móvil con una mirada gélida y rabia en los ojos.
Carlos llamó a la puerta y entró, cuando percibió la frialdad en su entorno, tembló.
—Señor Ramos... Baco quiere verte, y está fuera de la oficina ahora...
Al acordarse de lo ridículo de Baco, Carlos creía que lo merecía.
Anoche había intentado tenderle una trampa a Natalie, y no solo había fracasado, sino que se había convertido en el chiste de Imperialia.
Y... Ernesto