Llevaba esperando más de dos horas a que terminara la reunión de Javier.
—Natalie, ¿para qué querías verme?
Natalie levantó la cabeza y vio que Javier se dirigía hacia ella de la puerta, y no dijo nada al ver el cansancio en su rostro.
Cogió el pastel de la mesa y se lo entregó a Javier, dijo sonriendo: —Pasaba por el despacho, así que he venido a verte.
Javier cogió el pastel y enarcó una ceja: —¿Estás segura de que estás bien?
—Sí, veo que estás muy ocupado, ya no te molesto, me voy.
—Bien.
De