La luz de la luna se filtraba a través de los ventanales del ático, proyectando sombras alargadas sobre la alfombra de seda. Spencer y yo estábamos hundidos en el inmenso sofá de cuero, rodeados de mantas y del silencio cómplice de la medianoche. En la pantalla, los créditos de alguna película clásica de cine negro subían lentamente, pero ninguno de los dos estaba prestando atención.
—Esa última escena fue arquitectónicamente imposible —murmuré, apoyando la cabeza en su hombro.
—Siempre pensand