El silencio del ático era casi absoluto, roto solo por el suave zumbido del sistema de climatización y el clic-clic rítmico de mis propios pensamientos. Spencer se había marchado hacía una hora a una reunión de emergencia en la sede central, no sin antes dejarme una lista de instrucciones que parecía el manual de operaciones de un portaaviones.
"No te levantes más de lo necesario. La enfermera vendrá al mediodía. No intentes dibujar con la mano derecha".
—Como si pudiera —mascullé para mí misma