narrado por spencer
El amanecer sobre Londres tuvo un matiz metálico, tan frío y cortante como la sensación que se me había quedado grabada en las manos después de que Casey me abandonara en aquel balcón. No dormí. Pasé la noche revisando informes de viabilidad que ya me sabía de memoria, intentando convencerme de que el vacío que sentía en el pecho era fatiga y no el eco de su indiferencia.
Durante quince días, yo había sido el arquitecto de nuestra distancia. Había levantado un muro de hielo