—Además —continuó Dominic, relajando un poco la postura pero manteniendo el veneno en su voz—, Mia ha hablado conmigo. Ella adora a Casey. Y me ha dejado claro que, si sigues siendo este robot defectuoso, lo mejor que puedes hacer es alejarte de ella definitivamente. Mia no quiere que Casey termine como las mujeres que pasan por nuestra vida: rotas y olvidadas.
Dominic sacó su teléfono y, con una frialdad que me dio escalofríos, marcó un número. Puso el altavoz.
—¿Donovan? —dijo Dominic cuando