(Narrado por Spencer)
El eco de los tacones de Casey alejándose por el pasillo todavía resonaba en mis oídos como una marcha fúnebre. Me quedé allí, en medio del corredor de la planta ejecutiva, con el sabor amargo del carmín de Violeta Rose en los labios y la sensación de que el suelo se abría bajo mis pies. Víctor Rose acababa de marcar territorio. Había lanzado el anzuelo y Casey, en un acto de pura represalia y desafío, lo había mordido con una elegancia que me estaba matando.
—Vaya, Spence