Evana admiraba el lugar, era un hermoso museo.
—Te traje a un lugar aburrido, ¿Verdad?
Ella negó ante su marido, tomó su mano, sonrió.
—En realidad, me gusta este lugar, pero, sabes, me gusta más porque estás conmigo.
—No creas que quiero estar lejos de ti, nunca, Evana, solo, el trabajo me consume, tampoco planeo ser un esposo al que no veas jamás, prometo que voy a arreglar mis tiempos para estar a tu lado.
Evana sonrió, sus manos se colgaron a su cuello, estaban tan cerca, él besó sus la