La lluvia caía suavemente sobre la mansión de Isabella, como si el cielo también compartiera la tristeza que ella sentía en su interior. Estaba recostada en la cama de su habitación, abrazando la almohada, dejando que las lágrimas fluyeran sin control. Sus pensamientos eran un torbellino de emociones: confusión, dolor, resentimiento, y un amor que no podía ignorar aunque le hubiera hecho tanto daño. Cada recuerdo de Marcos la atravesaba como una daga, desde el momento en que lo conoció, hasta a