Sofía fue quien abrió la puerta. Su sonrisa era amable, pero en su mirada había una chispa de emoción contenida, esa mezcla de alegría y curiosidad que solo surge al presenciar un momento especial. Frente a ella estaba Marcos, impecablemente vestido, con un porte elegante y un perfume que llenó el aire apenas cruzó el umbral. La fragancia tenía notas amaderadas y especiadas que parecían acariciar cada rincón del salón, dejando un rastro sutil y envolvente. El corazón de Sofía dio un pequeño sal