El aire en la oficina parecía haberse vuelto demasiado denso.
Isabella aún podía sentir el pulso acelerado de su corazón, el peso de la mirada de Marcos sobre ella, la distancia cada vez más corta entre los dos.
Trató de alejarse, pero algo dentro de ella —esa parte que tanto había intentado reprimir— ya no pudo más.
Lo tomó del cuello con ambas manos, con los ojos encendidos por una mezcla de ira, miedo y deseo, y lo besó.
Fue un beso intenso, inesperado, que desató todo lo que habían estado c