La tarde pasó más rápido de lo que Isabella habría querido.
Entre pendientes, llamadas y pensamientos que la mantenían inquieta, el reloj pareció avanzar sin descanso. Cuando por fin todos los empleados se marcharon, el silencio de la oficina se sintió como un respiro.
Tomó sus cosas con calma, intentando dejar atrás el caos del día. Afuera, el cielo comenzaba a teñirse de un tono naranja suave, y una brisa tibia acariciaba su rostro al subir al auto.
Durante el trayecto, su mente seguía atrapa