Sofía y Isabella estaban sentadas en la sala, la luz de la tarde iluminaba suavemente el lugar y el ambiente era tranquilo, pero cargado de esa sensación de confianza que solo ellas compartían. Isabella recostada sobre el sofá, todavía con algo de debilidad tras la fiebre, miraba el techo mientras Sofía se acomodaba a su lado, con una expresión decidida y tierna a la vez.
—Hermana —comenzó Sofía, con voz calmada pero firme—, ¿te has dado cuenta de cuánto se preocupa Fernando por ti? No solo hoy