Fernando entró a la cocina con paso decidido, el silencio de la mansión contrastaba con el calor que emanaba de la estufa. Se colocó el delantal, se lavó las manos y comenzó a sacar los ingredientes con cuidado: zanahorias, apio, cebolla, hierbas frescas y un poco de pollo. Cada movimiento era meticuloso, como si cada gesto pudiera transmitir algo más que sabor; transmitía cuidado, atención y protección.
Mientras lavaba las verduras y las cortaba en pequeños trozos, un recuerdo empezó a abrirse