La mansión D’Alessio los recibió con un silencio imponente. Las luces cálidas del vestíbulo contrastaban con la sombra de días difíciles, pero había algo distinto en el ambiente… como si, por primera vez en años, la casa respirara esperanza.
Marcos entró despacio, aún adolorido, pero con la mirada firme. No habían pasado ni diez minutos desde que cruzó la puerta cuando ya estaba marcando números y enviando mensajes.
—Necesito a todo mi equipo de seguridad y de investigación interno —ordenó con