El lunes amaneció con un cielo gris y cargado. Afuera, una ligera llovizna acariciaba los ventanales de la empresa, mientras adentro, el ambiente ya era denso, como si algo estuviera a punto de estallar.
Isabella Romano llegó puntual, como siempre. Vestía un conjunto sobrio, pero impecable. Su cabello recogido con elegancia, los labios en tono neutro y la mirada firme. Aquel encuentro nocturno frente a su puerta aún le daba vueltas, pero no iba a dejar que eso la desenfocara.
No otra vez.
Camin