Capítulo 128: Flores bajo la noche.
Isabella llegó a su alcance. Por un instante la distancia se redujo a la longitud de una respiración. Él inclinó la cabeza, lento, esperando el contacto que parecía inevitable. Ella, con la misma determinación que la había traído hasta allí, levantó la cara y simuló el gesto de aproximarse para un beso: sus ojos se cerraron apenas, su cuerpo se inclinó, sus labios rozaron el aire que lo separaba de los de él.
Y entonces, con una fuerza que salió de la rabia y de la necesidad de marcar un límite