Un leve golpeteo en la oficina de Zander Perseus resonaba en el lugar. El heredero de los Perseus mostraba una expresión bastante enigmática; estaba pensativo, podría decirse, mientras observaba el mensaje en su teléfono:
“He llegado, cariño. No veo la hora de verte, mi amor”.
—Mi señor… —el secretario Baker preguntó con lo que parecía preocupación, pues hacía unos minutos él aparentaba estar de muy buen humor, pero al recibir aquel mensaje, su ánimo había decaído por completo e incluso parecía