―Te doy tres segundos para que te alejes de ella... —Selene abrió sus ojos en grande. No podía creer lo intimidante que se veía Zander; su sola presencia parecía drenar el aire de la habitación. Selene, aún sujeta por Dylan, se quedó completamente paralizada.
―Zander... ¿Qué estás...?
―Uno... dos... ¡Tres!
Antes de que Selene pudiese reaccionar, Zander ya estaba frente a ellos. De un solo impulso apartó a Dylan, el secretario, haciendo que este retrocediera bruscamente.
Selene soltó un pequeño