Todo había quedado reducido a cenizas.
El corazón de Selene no podía soportarlo; una que otra lágrima surgía de sus ojos mientras observaba todo por lo que su madre y ella habían trabajado arduamente.
Sabía que para la familia Sartori esa empresa no era nada, pero ella sabía que su madre había luchado fuertemente por ello, por un legado que perteneció a su abuela y a su familia en el pasado. Ahora, todo era humo y escombros.
Selene observó el edificio quemado, hecha ruina, y apretó sus manos en